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El nuevo hotel latinoamericano

Fecha de publicación

·14/9/2026·Moradas

Hay un momento, justo después de abrir la puerta de una habitación de hotel, en que todavía no sabemos si estamos entrando en un lugar diseñado para recibirnos o en una casa que alguien decidió compartir.

La luz cae sobre una pared de madera. Una pieza de cerámica descansa sobre la mesa. Desde una ventana entra el sonido de la calle, de la selva o del mar. Nada parece dispuesto para impresionar y, sin embargo, todo ha sido pensado.

En buena parte de Iberoamérica, el hotel boutique está atravesando precisamente ese momento. Ya no basta con recuperar una casona, colocar muebles de diseño y llenar las paredes de arte local. Una nueva generación de proyectos está intentando algo más difícil: construir una identidad que pertenezca al lugar sin convertirla en una representación literal del lugar.


El hotel como arquitectura

En Bacalar, la arquitecta mexicana Frida Escobedo llevó esa idea a una de sus expresiones más precisas con Boca de Agua. Las villas se levantan sobre pilotes y se organizan alrededor de árboles existentes, permitiendo que el suelo y la vegetación continúen su recorrido debajo de ellas. La madera, las celosías y la ventilación natural no son únicamente decisiones estéticas: forman parte de una arquitectura que intenta intervenir lo menos posible en el paisaje.

El resultado se parece poco al hotel tropical convencional. No hay una arquitectura que intente dominar la selva. Hay, más bien, una estructura que acepta ser atravesada por ella.

La misma conversación aparece, desde otro paisaje, en Hotel Terrestre, en Puerto Escondido. Diseñado por Alberto Kalach y Taller de Arquitectura X, el proyecto utiliza ladrillo, concreto, tierra y madera para construir catorce villas entre el océano y las montañas. El hotel funciona con energía solar y emplea estrategias pasivas de climatización, evitando depender del aire acondicionado.

En ambos casos, la arquitectura no es el envoltorio de la experiencia hotelera.

Es la experiencia.


El nuevo hotel latinoamericano no busca parecer local; busca pertenecer al lugar.

Esta diferencia parece pequeña, pero cambia muchas cosas. Los materiales dejan de ser decoración y pasan a contar de dónde viene un edificio. La sombra se convierte en una decisión arquitectónica. El mobiliario puede hablar de una tradición artesanal sin reproducirla literalmente. Incluso la manera en que se llega a una habitación puede formar parte de la relación con el paisaje.


Habitar una identidad

En las ciudades, el fenómeno adopta otra forma.

En Ciudad de México, Casa Polanco nació a partir de la restauración de una residencia de los años cuarenta catalogada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura por su valor histórico y arquitectónico. El arquitecto Claudio Gantous trabajó durante cuatro años en la recuperación de la casa, incorporando una intervención contemporánea que conecta la construcción original con un nuevo volumen. Los interiores, desarrollados por CASA M+M, combinan mobiliario de distintas épocas, madera, mármol, hierro y una colección de arte mexicano contemporáneo.

No se trata de convertir una residencia histórica en museo. La operación consiste en hacerla nuevamente doméstica.

Algo similar ocurre en Lima con Hotel B, en Barranco, instalado en una antigua mansión de estilo Belle Époque. La intervención de David Mutal Arquitectos conservó la estructura original y añadió una nueva edificación en la parte posterior, vinculando ambas mediante un patio y una nueva circulación. El hotel incorporó además una colección de más de 300 obras e instalaciones de arte.

Aquí la identidad no está solamente en la arquitectura. Está en la relación entre arquitectura, arte y barrio.

Es quizá una de las características más interesantes del nuevo hotel latinoamericano: su escala.

Son proyectos que parecen comprender que la hospitalidad no necesita necesariamente crecer para sofisticarse. Una antigua casa, diecisiete habitaciones y una colección de arte pueden decir más sobre una ciudad que un gran edificio diseñado para funcionar igual en cualquier continente.


La materia de lo cercano

Hay también una recuperación del valor de lo hecho cerca.

En Boca de Agua, buena parte del mobiliario fue producido por artesanos locales utilizando materiales recuperados de una procesadora de madera cercana, mientras el interiorismo de Mariel Lozano Studio buscó que muebles, objetos y acabados desaparecieran visualmente lo suficiente para dejar que la arquitectura y la selva ocuparan el centro de la escena.

En Colima 71, en Ciudad de México, la idea aparece de otra manera: las habitaciones incorporan cerámicas producidas por comunidades indígenas de Oaxaca, mientras el hotel integra obras de artistas como Iñaki Bonillas, Sofía Táboas y el guatemalteco Darío Escobar.


El interés de estos proyectos no está en demostrar que son latinoamericanos. Está en permitir que esa identidad aparezca de manera menos evidente: en una textura, en una proporción, en una pieza hecha a mano, en la manera de recibir la luz o de construir sombra.

Tal vez por eso el nuevo hotel latinoamericano se parece cada vez menos a una categoría de alojamiento y más a una declaración arquitectónica.

Un hotel puede ser una habitación. También puede ser una forma de mirar un territorio.

Al final del día, cuando la puerta vuelve a cerrarse y el ruido exterior se convierte en una presencia distante, quedan pocos elementos: una cama, una ventana, una superficie de piedra, algún objeto sobre la mesa. Lo que parecía simplemente diseño empieza entonces a revelar algo más.

La procedencia de los materiales. La historia del edificio. La relación con el paisaje. Las personas que hicieron aquello que ahora parece tan sencillo.

Quizá esa sea la pregunta que estos hoteles dejan abierta: ¿qué hace que un lugar se sienta verdaderamente propio?

No una bandera, ni una referencia folclórica, ni una colección de objetos locales cuidadosamente seleccionados.

Quizá sea algo más silencioso.

La sensación de que el edificio podría existir solamente allí.

Y que, por una noche, nosotros también.