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La artesanía entra en el armario

Fecha de publicación

·28/9/2026·Legado

En una mesa de trabajo conviven objetos que, a primera vista, parecen pertenecer a mundos distintos: una lámina de plata, un fragmento de tejido, una piedra pulida, una herramienta de orfebre. Nada parece particularmente nuevo. Lo interesante ocurre cuando alguien decide ponerlos juntos y preguntarse qué pueden llegar a ser.

Durante mucho tiempo, la artesanía fue observada como algo que debía conservarse. El diseño, en cambio, pertenecía al presente: buscaba nuevas formas, nuevos materiales, nuevas maneras de vivir los objetos.

Esa frontera se ha vuelto menos clara.

En Iberoamérica, una generación de diseñadores y artesanos está recuperando técnicas, materiales y conocimientos sin tratar de reconstruir literalmente el pasado. Los textiles aparecen en bolsos de geometrías contemporáneas; la plata adquiere formas escultóricas; el jade deja de ser únicamente una piedra asociada al patrimonio y encuentra nuevas posibilidades en la joyería; el bronce, el cuero, la madera y las fibras naturales entran en objetos que podrían pertenecer tanto a una casa como a un guardarropa.

La artesanía comienza a comportarse menos como un recuerdo y más como un lenguaje.


Cuando la materia cambia de contexto

En Antigua Guatemala, Por Xibalba resulta particularmente interesante porque trabaja precisamente en esa frontera. Fundada en 2012, la casa se dedica a la joyería contemporánea y a objetos hechos a mano, utilizando principalmente oro y plata reciclados y jade guatemalteco. Su trabajo se desarrolla en talleres propios y su espacio ocupa una casa colonial restaurada del siglo XVIII.

El interés no está solamente en el origen del jade. Está en lo que ocurre cuando una materia cargada de historia entra en una conversación formal con el diseño contemporáneo.


Algo semejante sucede con Gatsu', también en Guatemala. Sus bolsos parten de textiles artesanales guatemaltecos, pero los llevan hacia estructuras geométricas inspiradas en el origami japonés. La mostacilla y el tejido aparecen integrados en objetos cuya construcción pertenece claramente al lenguaje del diseño contemporáneo.

Es una distinción importante: aquí la tradición no se reproduce; se recompone.

Y esa recomposición permite entender la artesanía iberoamericana desde una perspectiva menos estática. No se trata de proteger una imagen determinada de lo tradicional, sino de permitir que los materiales sigan cambiando de significado.

La tradición también puede ser una materia prima para imaginar el presente.


Una identidad hecha de muchas influencias

La historia se vuelve todavía más interesante cuando dejamos de buscar una única raíz.

En Colombia, Sara & Flora trabaja con plata recuperada, bronce reciclado y esmaltes, pero su lenguaje surge también de la transformación de técnicas tradicionales hacia formas contemporáneas. Sus piezas no intentan reproducir un objeto ancestral; toman procedimientos, materiales y gestos para convertirlos en joyería de autor.


Y existe otra conversación menos evidente, pero igualmente importante: la que ocurre entre la artesanía latinoamericana y las tradiciones modernas del diseño europeo.

La diseñadora colombiana Mariana Shuk es un buen ejemplo. Su trabajo en joyería reconoce influencias tan diversas como la Bauhaus, Hans Wegner y Robert Welch, junto con escultores y artistas como Richard Deacon, Anish Kapoor, Gerhard Richter y Doris Salcedo. Su lenguaje no intenta decidir si una pieza debe pertenecer a “lo latinoamericano” o a “lo europeo”. Trabaja, más bien, desde la posibilidad de que ambas cosas formen parte de una misma cultura visual contemporánea.


Esta mezcla importa porque Iberoamérica nunca ha sido una cultura construida a partir de una sola genealogía. Sus ciudades, sus casas, sus iglesias, sus plazas, sus muebles, sus textiles y sus objetos cotidianos son el resultado de siglos de encuentros, desplazamientos y reinterpretaciones.

La artesanía contemporánea puede ser precisamente uno de los lugares donde esa complejidad vuelve a hacerse visible.

No todo tiene que remitir a una iconografía ancestral para hablar de identidad. Una pieza de plata puede contener tanto la tradición de la orfebrería local como la influencia de la escultura moderna. Un bolso puede reunir un tejido regional con una estructura aprendida del diseño japonés. Un objeto puede ser latinoamericano sin parecerse a la imagen que el mundo espera de Latinoamérica.

La identidad no siempre está en el motivo. A veces está en la manera de construir.



Quizá por eso la artesanía está encontrando un lugar nuevo dentro de nuestros armarios y nuestras casas. No porque haya dejado de mirar hacia atrás, sino porque ha dejado de considerar el pasado como un destino.

Una técnica puede viajar. Un material puede cambiar de contexto. Una forma puede nacer de una tradición local y terminar dialogando con el diseño europeo, la escultura contemporánea o la arquitectura moderna.

Al final, aquella mesa de trabajo sigue ahí: la plata, el tejido, la piedra, las herramientas.

Lo que ha cambiado es la pregunta.

Ya no se trata únicamente de qué tradición estamos conservando, sino de qué podemos hacer con todo aquello que heredamos.

Y quizá esa sea una de las formas más interesantes de vestir una identidad: no llevarla como un uniforme, sino permitir que siga transformándose.